Cuando la magia se hace fútbol

9 05 2009

El pasado miercoles asistimos a un hecho mágico. Corría el minuto 93 en Stamford Bridge cuando Samuel Eto´o hizo un mal control, el balón calló en los pies de Leo Messi y este puso la pelota rasa para que Don Andrés la mandase al fondo de la red. Pero no fue un simple gol. En ese balón iban los sueños de muchos barcelonístas que vieron como la posibilidad de hacer historia en el fútbol aún era posible.

Y todo eso tras 93 minutos de sufrimiento, desesperación, agonía… Los seguidores del F.C. Barcelona vieron como el árbitro les perdonaba la vida en la Liga de Campeones, como Michael Essien lanzaba un misil sobre el arco que defendía Victor Valdés, como este último reflotaba a su equipo en diversas ocasiones… Y lo más increible de todo: presenciaron como los sueños, en este maravilloso deporte que es el fútbol, pueden convertirse en realidad en un abrir y cerrar de ojos.

Antes de comenzar la vuelta de la semifinal de Champions League entre Chelsea y Barcelona,  muchos eran los que goooooooooooooooolpensaban que el partido se lo llevaría el equipo español con cierta facilidad. El Chelsea, a través de su entrenador Huus Giddink, había transmitido la idea de que realizaría un juego más ofensivo, por lo que concedería más espacios al equipo de Pep Guardiola que, como había hecho a lo largo de toda la temporada, los aprovecharia. A esto se amarraban todos los amantes del buen fútbol, aquellos que están enamorados del juego del Barça y que esperaban ver goles. Lo cierto es que el planteamiento del holandés se mantuvo, aunque disimuladamente, hasta el minuto 9 cuando Essien se encontró un balón flotando al borde de área y, sin pensarlo, lo golpeó con su pierna “mala” para hacer un auténtico golazo. En ese momento, todos aquellos que apoyaban al Barça quedaron maravillados ante tal obra de arte, conscientes, en ese momento, de que su equipo era capaz de dar la vuelta a la situación.

Pero a medida que pasaban los minutos las ilusiones se diluían, se desparramaban por los suelos. El equipo español no conseguía conectar un lanzamiento entre los tres palos y el Chelsea estaba desplegando un juego que resultaba muy incómodo para los de Guardiola. A esto hay que sumar que los corazones de todos los amante del buen fútbol se tomaban un respiro cada vez que un jugador del equipo londinense caía dentro del área que defendían Gerard Piqué y Touré Yaya. Unas caídas con las que el árbitro noruego Tom Henning soñara el resto de su vida…

Y mientras todo esto acontecía, loDon Andrés tras marcar el gols minutos se sucedían. El Barcelona acaparaba por completo la posesión de la bola y la fe se estaba poniendo la chaqueta para marcharse. Pero fue entonces, cuando más complicada estaba la situación, ya que el Barça estaba jugando con diez tras la expulsión de Abidal, cuando un mago sin sombrero ni smoking y con la humildad como barita dió rienda suelta a la felicidad y a las gargantes de miles de aficionados a este maravilloso deporte que es el fútbol.

Para que luego digan que el fútbol son veintidós “tios” corriendo detrás de un balón.